miércoles, 7 de julio de 2010

Sepúlveda: el Santuario de las Patas de Oca

Sin lugar a dudas, uno de los lugares donde se localiza este emblemático símbolo cantero con mayor perseverancia, es el Santuario sepulvedano de Nª Sª de la Peña. En efecto, tal es la cantidad de patas de oca grabadas por los canteros en la dura superficie de los sillares de este edificio religioso, que se remonta, cuando menos, a los siglos XII-XIII, que llega un momento en el que el observador se siente poco menos que desconcertado ante la persistencia de la visión.
La repetitividad, por tanto, de tal símbolo -que cobra una importancia más que relativa, sobre todo dentro de las rutas principales del Camino Jacobeo, conocido entre otros varios nombres como Camino de Santiago, Camino de la Vía Láctea, e incluso Camino de las Ocas Salvajes- lejos de parecer casual, supone, por el contrario, cierto grado de intencionada obstinación; cierta implicación, por parte de los mencionados canteros, por dejar de manifiesto el gremio compañeril al que pertenecían, dejando constancia, a la vez, de quién o quiénes habían realizado la obra.
No es mucho lo que se sabe acerca de tales gremios, sus orígenes, fundadores y principales magister muri. Y mucho menos, teniendo en cuenta el extraordinario trasiego no sólo de peregrinos, sino también de especialistas que supuso el descubrimiento, en Iria Flavia, de la tumba y el cuerpo del Apóstol.
Aproximadamente por esas fechas, se produjo una revolución espiritual que hizo tambalearse los cimientos de Europa, amenazada, de hecho, por el incontenible avance musulmán. Como en los días posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la búsqueda desenfrenada de algunas potencias vencedoras, e incluso de coleccionistas y particulares por localizar y hacerse con todo tipo de manuscritos referidos a la Alquimia, la recopilación, el archivo y el estudio de las corrientes clásicas, hizo que Cluny se constituyera, probablemente, en el núcleo principal del que surgieron la gran mayoría de Maestros que dejarían su ciencia y su firma personal en los principales lugares del Camino de Santiago, e incluso en numerosos lugares situados fuera de éste.
A este respecto interesan, y mucho, las aseveraciones del investigador francés Louis Charpentier, quien, en una de sus obras principales (1) identificaba, al menos, a tres de estas hermandades compañeriles: los Hijos del Padre Soubisse; los Hijos del Maestre Jacques y los Hijos de Salomón, siendo los símbolos más emblemáticos de los dos últimos gremios mencionados, la estrella de seis puntas (o Sello de Salomón) y la pata de oca.
Por otra parte, hemos de tener en cuenta que, al referirnos al Santuario de Nª Sª de la Peña, nos estamos refiriendo a una figura mariana que es la Patrona de la Villa y Tierra de Segovia; una figura, cuya imagen entronizada, que puede observarse en el centro, aproximadamente, del Retablo Mayor, aunque de apariencia gótica, tiene, sin duda, connotaciones de Virgen Negra, y responde a un culto mucho más antiguo. No es de extrañar, por tanto, dada su aparente relación, que entre las huellas o señales labradas en los sillares, figuren, también, dos cruces de reminiscencia claramente templaria -sospechosos, permítaseme el término, de fomentar este tipo de cultos-, siendo numerosos los autores que mencionan los vínculos tan estrechos que existían entre éstos y los gremios de constructores, a los que amparaban y protegían, y que, incluso, pasaron también a la clandestinidad cuando la Orden fue suprimida.
Otro detalle importante, que a simple vista puede pasar inadvertido para muchos visitantes, es el Cristo -probablemente gótico también- que se localiza en uno de los laterales del templo, conformando la cruz de su martirio, un tipo de cruz esotéricamente especial: de las denominadas cruz de gajo; denominación que, en palabras de Rafael Alarcón Herrera (2), representaría al iniciado que está en camino de alcanzar su total elevación.
Aunque este tipo de representaciones artísticas abundan, y no todas están relacionadas con el Temple, sería interesante rastrear, en este tipo de santuarios -por desgracia, muchos de ellos, como por ejemplo, el de la misma advocación existente en Calatayud, han sido prácticamente reconstruídos por completo- la posible existencia, al menos, de aquellas marcas que, como la pata de la oca -o runa de la Vida- caracterizaron a algunos de estos gremios, ocultando un simbolismo esotérico, como demuestra el Cristo renano del siglo XIV que se localiza en la iglesia del Crucifijo -antiguamente de Santa María de les Horzs o de los Huertos- de Puente la Reina.

(1) Louis Charpentier: 'El misterio de Compostela', editorial Plaza & Janés.
(2) Rafael Alarcón Herrera: 'La otra España del Temple', Editorial Martínez Roca.


sábado, 3 de julio de 2010

Dejando huellas en la Piedra

[Iglesia de San Miguel Arcángel: Caltójar, Soria]
Se puede afirmar, con el relativismo que otorga siempre lo hipotético, que las marcas de cantería no son exclusivas de una civilización, de una cultura o de una época determinadas, sino que, de hecho, se han venido utilizando desde la más remota Antigüedad, hasta tiempos relativamente modernos. Buena prueba de ello, la tenemos, por ejemplo, en las famosas porcelanas de la Real Fábrica del Buen Retiro de Madrid, siglos XVII-XVIII (1), en las que los distintos artesanos firmaban sus obras con marcas o símbolos a veces tan escogidos y en principio tan extraños y esotéricos para el mundo en general, como aquellos otros que utilizaban las hermandades compañeriles en la gran mayoría de edificios románicos y góticos que, sin ir más lejos -y aún así, ya es más que suficiente- jalonan nuestra geografía peninsular.


[Monasterio de Santa María de Huerta, Soria]
Otro detalle significativo, que podría resultar de interés, también, serían los curiosos símbolos utilizados por las ganaderías taurinas para indicar la posesión y procedencia de sus animales, que en principio, y es de suponer que casualmente, mientras no se demuestre lo contrario, guardan cierto parecido con algunas marcas medievales, e incluso, apurando, con algunos símbolos astrológicos, cuando no también de índole alquímica.

[Marcas de cantería árabes: Mezquita de Córdoba]
No obstante, remontándonos mucho más en el tiempo, merece especial mención, para variar, y a modo ilustrativo, el descubrimiento, en una cantera de Assuán, Egipto, de bloques de piedra que aún conservaban las marcas de cantería de los obreros que trabajaron allí hace miles de años. Estas marcas consistían, principalmente, en figuras de animales, destacando, entre otras, las figuras del ibis y del delfín, definiendo éste último, según las especulaciones de los expertos, un posible origen del cantero o canteros en cuestión, localizado, a priori, en las islas griegas. Los egiptólogos coinciden en señalar, no obstante, que dichas marcas identificaban, así mismo, a las cuadrillas de trabajadores, hasta el punto de que éstas, que llevaban nombres de cierta relevancia para su identificación, como, por ejemplo, Cuadrilla de Horus, competían entre sí para ver qué cuadrilla avanzaba más y mejor.


[Castillo de Montalbán: la Puebla de Montalbán, Toledo]
Eso, por no mencionar esa herencia de la Edad de Piedra, que constituyen los petroglifos diseminados no sólo por toda Europa, cuyos símbolos -y a falta de una oportuna Piedra de Rosseta- están todavía lejos de haber sido descifrados, y no parece que se hayan hecho significativos avances en su interpretación, hasta el día de hoy.
Por estos detalles, y algunos otros, se puede decir que las marcas de cantería no son, en absoluto, un detalle exclusivo de las hermandades de Compagnons europeas, como se pueda suponer a priori, sino que también, aparte de existir en el mundo musulmán -como demuestra, por poner un ejemplo cercano, la gran cantidad de ellas expuestas en la Mezquita de Córdoba- suponen no sólo un reto para el investigador sino también un apasionante buceo en los mares más profundos de la Historia, en busca de la fuente original de la que manó el concepto del trabajo sagrado, y sus posteriores transformaciones en acepciones como Conocimiento y Secreto.
[Casona de época: La Cerca, Burgos]

Además, y contrariamente a lo que se pueda suponer, tampoco resultan exclusivas de templos, ermitas, santuarios o cualquier otro tipo de edificaciones religiosas en general, sino que se localizan -en menor medida, desde luego, pero no en interés- en castillos e incluso en edificios particulares de época. Téngase en cuenta, como ejemplo significativo del primero, el castillo de Montalbán, situado en la localidad toledana de la Puebla de Montalbán -a escasos dos o tres kms. de la ermita visigoda de Santa María de Melque, y a similar distancia de una zona megalítica-, y como ejemplo ilustrativo y a valorar en el segundo, los símbolos que se encuentran labrados en la fachada de una casona particular, situada en la localidad burgalesa de La Cerca, entre los que cabe destacar un interesante símbolo utilizado por los canteros medievales: la llave, localizada en múltiples lugares, incluidos templos, sirviendo como ejemplo significativo el gran parecido que guarda con aquellas otras labradas con cierta abundancia, en los muros de la iglesia de Santiago, en la localidad oscense de Agüero.
Resulta interesante reseñar, llegados a este punto, que muchas de estas marcas de cantería y de estos símbolos, extraños a priori, guardan relación con antiquisimos alfabetos, como el rúnico o futhark, siendo reseñable la abundancia de marcas con forma de pata de oca -la mística runa de la Vida- que se encuentran en numerosos lugares, conformen o no éstos parte del Camino de Santiago. Quizás sea éste uno de los símbolos más universales y esotéricos de cuantos se puedan encontrar, habiéndonos dejado el Arte una de las muestras más significativas en el famoso Cristo renano del siglo XIV que se encuentra en la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina, en tiempos denominada de Santa María de los Huertos. A este respecto, cabe añadir un no menos interesante dato: en sus inicios, y hasta su disolución, ésta iglesia perteneció a la Orden del Temple.
¿Hemos de suponer, pues, que también existe una relación o vínculo entre el tema que nos ocupa y las formas artisticas, en sus múltiples manifestaciones?. Yo así lo creo...


(1) Para quien desee ampliar este dato, añadir que estas marcas se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico de Madrid, y están divididas en tres épocas: marcas de la primera época (1760-1783); marcas de la segunda época (1784-1803); marcas de la tercera época (1804-1808). Además, se recomienda la lectura del libro de Mª Jesús Sánchez Beltrán, 'La porcelana de la Real Fábrica del Retiro', editorial Electa España, S.A., 1998.

jueves, 1 de julio de 2010

Presentación

Bienvenidos al fascinante mundo de los Canteros Medievales. Desde luego, en este blog no encontraréis respuestas a un enigma que ha perdurado a través del tiempo, con una obstinación fuera de lo común; pero espero, que al menos, y de manera compensatoria, sí encontréis los suficientes detalles y elementos de interés como para fomentar vuestra curiosidad, logrando que os formuléis cuantas más preguntas mejor, con la esperanza de que, entre las aportaciones de unos y otros, todos podamos llegar a tener un atisbo de Luz, por pequeña que sea, en esta tiniebla histórica.

En realidad, hay tantas respuestas, como preguntas deseéis formularos; pero, como escribió hace algún tiempo un buen Amigo y Maestro a modo de dedicatoria en la primera página de uno de sus mejores libros en mi opinión: lo importante no es conocer todas las respuestas, sino conocer y comprender bien las preguntas.

Al menos, espero y deseo que a medida que este blog se vaya nutriendo de entradas, éstas constituyan un pequeño catálogo de esos fascinantes mensajes simbólicos que, aún sin llegar a comprender en toda su extensión, no me cabe duda de que son un auténtico legado simbólico que merece la pena conservar y estudiar.

Evidentemente, ni son todas las que están, ni están todas las que son. La Aventura, pues, comienza como esas neblinas de la Historia, que constituyen sus Capítulos y que, como suele ocurrir frecuentemente, algunos son más extensos y menos crípticos que otros.

Parafraseando a Rudyard Kipling: hay un mundo fascinante ahí afuera; ¡ve y descúbrelo!.