domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Pero hubo alguna vez ángeles canteros?

Según se comenta en el Génesis, hubo ángeles que encontrando hermosas a las hijas de los hombres, las tomaron por esposas, enseñándolas, de paso, las artes de la brujería. Otros, por el contrario, fueron ejecutores que derribaron murallas de ciudades míticas, como Jericó, haciendo sonar sus trompetas. Algunos, como el paladín por excelencia, San Miguel, destacaron al sofocar la rebelión de otros ángeles, liderados por Lucifer, expulsándolos de los Cielos, en una contienda que todavía se prolonga al cabo de los milenios.
Protagonista, así mismo, fue aquél otro, que de nombre Gabriel, comunicó la buena nueva a María, en un acto que ha permanecido en la memoria del Cristianismo con el nombre de Anunciación; y seguramente, también este mismo arcángel encabezara la comitiva celestial, que escoltó la Ascensión de ésta a los Cielos.
También es digno de mención, otro arcángel, que de nombre Rafael -junto a Miguel y Gabriel conforma el trío de arcángeles que, hemos de suponer, más contacto han tenido con los humanos- tiene encomendada, aparte de otras funciones, la custodia de la ciudad de Córdoba, según refiere la leyenda de su aparición a un religioso, fechada en el siglo XVI.

Su intervención en los asuntos de los hombres, ha sido constatada y referida en numerosas crónicas, a lo largo de los siglos, siendo numerosas las funciones que, independientemente de su papel de servidores elegidos de Dios, se les han atribuído: guerreros, ejecutores, emisarios, guías, jueces -en su definición de psicopompos o pesadores de almas, como San Miguel- guardianes, orfebres, y al parecer, como indican algunas curiosas tradiciones populares, también canteros.


A todos, o a casi todos, nos es familiar la legendaria tradición que dio origen, en Asturias, a una segunda cruz santa, tan relevante o más, incluso, que aquélla Cruz de la Victoria empuñada por el propio Pelayo: la Cruz de los Ángeles. Acaecía el año 808, cuando dos jóvenes desconocidos se presentaron ante el rey Alfonso II, el Casto -atribulado por aquél entonces, en realizar una prebenda insuperable para mayor gloria de la catedral de Oviedo- comprometiéndose a realizar una obra digna de sus deseos, en el transcurso de una noche.


Sin embargo, es posible que no sean tan conocidas, al menos para una gran mayoría, aquellas otras historias que, de forma paralela o similar, relacionan a los ángeles con otro apasionante y a la vez complicado misterio medieval: el de la vírgenes románicas.
A este respecto, siempre resulta recomendable acudir a las investigaciones realizadas en su momento por personas a las que tiendo a definir, con todo el respeto y el merecimiento, como grandes clásicos de la España mistérica. Citables son, entre otros muchos, desde luego, personas del carisma de Juan García Atienza, Rafael Alarcón Herrera o Xavier Musquera (desgraciadamente fallecido en diciembre de 2009), y tantos otros que, de una manera honesta y pionera, han abierto senderos dorados por los que continuar líneas de investigación al margen de lo ortodoxo establecido, atravesando con valentía las fronteras de lo irracional, que para mí constituyen los oscuros recovecos de la Tradición.
Es precisamente hablando de tradiciones, y siguiendo el hilo argumental del título de la presente entrada, que se localizan este tipo de asociaciones angélico-canteriles, relacionadas, al menos, con dos vírgenes románicas de piedra: la Virgen del Puig, Patrona de Valencia, y Nª Sª de Aránzazu, en el País Vasco, teniendo como denominador común, que ambas fueron encontradas debajo de una campana.
E incluso existe otra curiosa leyenda que, situada ésta vez en el Reino de Asturias, afirma que el monasterio de Coria fue bajado del cielo por los ángeles.