sábado, 14 de mayo de 2011

Canteros de Debod

'Es esta mezcla de astronomía y religión, esta fusión de mito y realidad, esta aplicación de la observación astronómica, de la ingeniería y la topografía a los fines de la fantasía, la que frustra y fascina a la vez a los estudiosos de la vida y de las ciencias egipcias...'.

[James Cornell, 'The First Stargazers']



Desmontado y trasladado piedra a piedra de su emplazamiento original en la Baja Nubia, a 20 kilómetros de Asuán, llegó a España en 1970, como objeto de donación del gobierno egipcio por la ayuda prestada en las operaciones de salvamento de los monumentos nubios, que habrían de ser cambiados de su emplazamiento original por la construcción de la famosa presa de Asuán. Aunque su orientación ya no apunta a la constelación de Orión, como se supone que estaban orientadas no sólo las grandes pirámides, sino también muchos de los templos de ésta gran civilización, su localización en Madrid, resulta, no obstante, bien precisa: entre la Plaza de España y el Paseo de Rosales, en el lugar que antiguamente ocupaba el Cuartel de la Montaña, de infausto recuerdo por los acontecimientos desarrollados en 1936, en un periodo execrable de la Historia de España, como fue la Guerra Civil.

Aunque cuenta con dos plantas, sus dimensiones, reducidas, producen la sensación de recogimiento interior; una sensación que en cierto momento, y posiblemente motivada también por la oscuridad que impera en las capillas laterales, puede inducir cierto estado de claustrofobia.

Las paredes del pasillo principal que desembocan en el sagrario -originalmente, había una estatuílla de la diosa Isis- y las capillas -no olvidemos que su planta semeja una cruz, y si me apuran, hasta pensaría en una del tipo tau- reproducen, magistralmente cinceladas en la dura superficie de los bloques de piedra, imágenes y jeroglíficos, algunos de los cuales, según los expertos, reproducen diversas escenas relativas al rey Adijalanani de Méroe -que en el siglo II antes de Cristo, erigió una capilla dedicada al dios Amón-, y los dioses. Entre estos, destacan las figuras de Isis, Osiris y Horus.


A Isis fue consagrado el templo durante el reinado de Ptolomeo VI; posteriormente, Augusto y después de él Tiberio, mandaron decorar la sala hipóstila. Los Antoninos levantaron una capilla lateral, cerrándose el templo con el cristianismo y siendo ocupado en sucesivos periodos de la Historia por nómadas y musulmanes.

En las paredes donde se localiza el sagrario, lugar donde antiguamente se exponía y guardaba una imagen de la Diosa, se localizan algunas marcas de cantería. Son de carácter lineal y destacan, independientemente de por su significado, desconocido, por su longitud. Se trata de marcas que parecen, a priori, excesivamente grandes, como digo. Otras, por su forma, recuerdan una serpiente arrastrándose por el suelo, detalle que no resultaría en modo alguno inaudito, si tenemos en cuenta los últimos descubrimientos arqueológicos en canteras, como la de Asuán, precisamente, donde se han localizado bloques a medio tallar, así como marcas de cantero consistentes en figuras de animales, destacando la figura del ibis y del delfín. Ésta última, a juicio de los arqueólogos, podría indicar la procedencia de los canteros, apuntándose hacia un origen heleno.





Varias marcas, localizadas así mismo, en diferentes puntos del templo -tanto del interior, como del exterior- tienen la forma de un cuadrado cuyo interior está dividido en tres columnas, que quizás pueda tener relación con el sistema de numeración egipcio. Curiosamente, esa misma figura se observa, también, acompañada de una especie de obelisco terminado en punta: ¿el símbolo identificativo de una cuadrilla, o quizás un plano del templo, pues cierta semejanza tiene con la planta de éste?.


Dejando aparte la cuestión de que no todos los obreros que trabajaron en los proyectos faraónicos obedecían a la categoría de esclavos, resulta conveniente especificar que se sabe de la existencia de cuadrillas de trabajadores que se identificaban con los Dioses; por ejemplo, Cuadrilla de Horus. Y también se sabe de la rivalidad que existía entre dichas cuadrillas, hasta el punto de que competían entre ellas por ser la que más avanzaba en su zona de obra y la que mejor trabajo hacía.


Pero lo que más abunda en el templo de Debod, sobre todo en los sillares de los pilonos exteriores, son los graffitis. Lejos de constituir un elemento distintivo de una época o de una civilización determinadas, el graffiti denota la necesidad humana, común a todas las civilizaciones y todas las épocas, de hacerse notar. Resulta evidente que más del novento por ciento de los graffitis de Debod, son de origen moderno. Y resulta evidente, así mismo, que muchos de estos graffitis modernos han borrado cuando no posibles marcas de cantero, graffitis de carácter milenario. Entre estos posibles graffitis, destacan aquellos que, a priori, parecen inscripciones en griego, grabadas en la piedra posiblemente por algún viajero de la Antigüedad clásica. O aquélla otra, con forma de cruz de ocho beatitudes, que hace remontar la memoria a los tiempos de las Cruzadas. Pero no tengo por menos que reconocer que se trata tan sólo de especulaciones, porque a fuerza de ser sincero, no hay forma de demostrar en qué periodo exacto o aproximado de la Historia se hicieron. Y mucho menos por quién.



(1) James Cornell: 'The First Stargazer', citado en el libro de Robert Bauval y Adrian Gilbert, 'El misterio de Orión', edición Círculo de Lectores, 1996.