miércoles, 25 de julio de 2012

La pervivencia del Símbolo: los romances mudos



'...el simbolismo se nos muestra como un modo especialmente adaptado a las exigencias de la naturaleza humana, la cual no es simplemente intelectual, sino más bien muestra su necesidad de una base sensible para elevarse a esferas más altas'. (1)

No es un hecho casual, que los canteros medievales se sirvieran de los símbolos, no sólo para reconocerse entre ellos, tanto a nivel individual como a nivel gremial, sino también que los utilizaran como vehículo perfecto para transmitir un conocimiento que, en la mayoría de los casos y dada su naturaleza heterodoxa frente a los modelos de pensamiento establecidos por los poderes fácticos de la época -principalmente, la Iglesia- podrían suponer un duro castigo, y de hecho, también la muerte.
Pero dejando aparte esta versión secreta, que también ha llegado hasta nosotros convenientemente camuflada en modelos aparentemente versados en los conceptos dualistas cristianos del Bien y del Mal, el pecado y la virtud, lo correcto y lo incorrecto, que son fáciles, a priori, de vislumbrar en los motivos, generalmente repetitivos, de esa fenomenal herencia románico-gótica legada por las sociedades medievales, puede ser interesante hacer hincapié en la función del símbolo, como elemento didáctico esencial desde tiempos antediluvianos. Desde lo más profundo de las cavernas, hasta las cúpulas más altas de las catedrales, como ya aventuraba en la entrada anterior-, el símbolo ha servido de vehículo transmisor al alcance de unos pueblos en los que el acceso a la cultura se veía exclusivamente limitado a un reducido ámbito de privilegiados. Hasta tal punto era así, que el siempre perjudicado pueblo llano, aprendía una serie de conceptos, sobre todo religiosos, cultivando su sentido de la percepción -cuando no de la interpretación- basado precisamente en la observación de ese simbolismo, en ocasiones aberrante cuando no terrorífico, que copa, como una marea que viene y va, la gran mayoría de templos de la época.
No obstante, si desde ésta línea de pensamiento, adoptamos la máxima científica de que todo está sujeto a la evolución, veremos que mucho antes del nacimiento oficial de la figura básica del maestro y su sentido de magisterio -al menos, como lo conocemos hoy en día-, la transmisión, generalmente oral, se valía también de símbolos para propagar, entre gentes mayoritariamente analfabetas, ideas e historias de diversa índole y origen.
La que aquí presento, es una auténtica joya que se encuentra en la iglesia de Nª Sª del Mirón, en Soria capital, y narra, a través de innumerables símbolos, la historia de la construcción del santuario y los milagros atribuídos, valga la redundancia, a una de las imágenes tenidas como más milagreras de la provincia: precisamente, la Virgen del Mirón. En esa genuina y antigua pizarra que sirve de soporte a este romance mudo -dividida en recuadros que se leen de manera vertical y no horizontal, como cabría suponer a priori- volvemos a encontrarnos con multitud de símbolos que están profundamente grabados en el subconsciente junguiano del hombre. Y entre ellos, podemos resaltar, con toda su fuerza simbólica intacta, elementos como la serpiente, la campana, la escalera, el compás, el sol, la luna y un largo etcétera que recupera, hasta tiempos relativamente modernos, esas ideas que, cual líquido amniótico, alimentan al ánima homini desde los mismos tiempos de la Creación.


Un romance mudo contado por la custodia del templo.


Rodado en el interior de la sacristía, en el mismo lugar donde se conserva este romance mudo de la historia de la iglesia del Mirón, Iluminada Mozas, custodia del lugar y en principio, hemos de considerar que su última trovadora, nos narra en romance y siguiendo las pautas simbólicas marcadas en el gráfico pizarrón, la historia de este genuino santuario soriano.
Bien es cierto, que no siempre se dispone de los medios adecuados para hacer de estos acontecimientos, pequeños reportajes culturales de cierta calidad. En ese lejano y caluroso sábado del mes de junio de 2008, cuando accedí por primera vez al interior de ésta iglesia de la Virgen del Mirón, mis medios técnicos resultaban, evidentemente, muy limitados. No obstante, espero que esto no sea un inconveniente para considerar este vídeo, a pesar de la oscuridad que apenas deja apreciar a Iluminada y al tablero, obstáculo para considerarlo, cuando menos, interesante.