lunes, 13 de mayo de 2013

Fragmentos de Patrimonio: nuestro puzzle histórico


'Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño...'
[Jorge Luis Borges (1)]


En su momento, formaron parte de monasterios, cenobios, iglesias, fortificaciones e incluso palacios y casas civiles de prestigio venidas a menos con el tiempo y sus imprevisibles avatares. En la actualidad, muchas de esas piezas languidecen en solitario, reaprovechadas vulgarmente como relleno, sin orden ni concierto, en las fachadas de las casas de numerosos pueblos. Constituyen, aunque a priori no nos lo parezca, una parte sustancial de una historia perdida, cuya memoria permanece cada día más en el olvido. Muchas de ellas, son el fruto de saqueos ininterrumpidos, como los producidos a mediados del siglo XVIII, cuando la famosa Desamortización de Mendizábal trajo como consecuencia el abandono de muchos de estos lugares, que contaban con cientos y en algunos casos, miles de Antigüedad. Las guerras e invasiones -la napoleónica, fue peor que la peor plaga de langostas- también contribuyeron a la ruina y el deterioro. Factores determinantes que contribuyeron, en gran medida, a tan triste final y que hicieron que incluso la localización de su lugar de ubicación, en numerosos casos, se fuera perdiendo también, quedando apenas referencias. Y paradójicamente, estas referencias suelen estar en la memoria de los más ancianos del lugar. Y en la mayoría de los casos, mueren también cuando mueren ellos.
Son fragmentos de Patrimonio: nuestro puzzle histórico.



(1) Jorge Luis Borges: 'Antología poética, 1923/1977', Alianza Editorial, S.A., segunda edición,1983, página 42.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Ninfas y Donas del agua


En base a numerosas representaciones y alegorías, que aun de forma dispersa y fragmentada se pueden localizar, se podría afirmar que los canteros medievales, conscientemente o no, fueron no sólo profesionales que cincelaban en piedra unos motivos y una simbología previamente pactada con el mecenas en cuestión –cuya temática, comúnmente, iba encaminada a la evangelización, en lo que bien se podría considerar como el Catecismo pétreo del pueblo-, sino también, custodios y a la vez transmisores de las antiguas tradiciones. Unas tradiciones que, como se veía en la entrada anterior dedicada a unos curiosos personajes conocidos como Hombres Verdes, rendían culto a la Naturaleza y sus múltiples manifestaciones, las cuales constituían, de hecho, la base primordial de un universo cosmogónico y espiritual, cuyos antecedentes antediluvianos se remontaban, cuando menos, a la época paleolítica, periodo en el que las primeras manifestaciones artísticas se consignaban, por lo general, en lo más profundo de las cavernas. Cavernas que a su vez, y de una manera simbólica, representaban no sólo el concepto de refugio, sino también la matriz primordial de la Gran Diosa Madre. También en lo más profundo de las cavernas, en esa formidable matriz, nacían, de forma incógnita y misteriosa, multitud de ríos y fuentes. Eran las venas, la sangre de la Mater, que se desparramaba generosamente para alimentar y dotar de vida a todas sus criaturas. No es de extrañar, por tanto, que numerosas historias y leyendas, transmitidas oralmente de generación en generación, hablen de seres especiales y prodigiosos, que habitaban en lugares como cuevas, fuentes, pozas y ríos en forma de espíritus elementales, que en ocasiones, interactuaban con el mundo de los hombres, pues no en vano, entre sus funciones estaba aquélla de salvaguardar los lugares sagrados. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el Bierzo leonés y la leyenda de la xana Carissia y el lago de Carrucedo.
Del culto a las ninfas y las aguas, posiblemente los mejores antecedentes los tengamos en los denominados ninfeos, monumentos que les estaban especialmente consagrados, de los que aún quedan recuerdos relevantes en la Península Ibérica, como son Santa Eulalia de Bóveda, en la provincia de Lugo y el forno da santa, en Santa Mariña de Augas Santas, en la provincia de Orense. Ninfeos que, según opinan los especialistas, tuvieron sus orígenes, precisamente, en las cuevas y cavernas.
También las fuentes fueron objeto de culto. Y dentro de ello, objeto tenido en cuenta por los canteros. Sirvan como ejemplo, la fuente que las representa, situada en la localidad orensana de Allariz, en las cercanías de una iglesia de culto, como es la de Santiago, y aquéllos otros restos que, procedentes de uno de los dos conventos medievales que se levantaban en Fuentelzaz, Soria (1), pudieran ser también una referencia por su parecido. De esta asociación, posiblemente derive, así mismo, los nombres que se daban antiguamente a algunas fuentes. Como ejemplo, aquélla fuente de la Oca que todavía existe, aunque muy modificada, en una propiedad privada del pueblecito cacereño de Tejeda de Tiétar.



(1) Dichos restos, que actualmente forman parte de una casa particular, se observan casi al final del vídeo.