Villacadima: marcas canteras en el ábside de la iglesia de un pueblo abandonado
Este dato dificulta, en parte, la posible datación -cuestión ya de por sí espinosa- aunque puede sugerir la hipótesis de que los sillares reutilizados en la remodelación sean, posiblemente, los sillares originales del siglo XII y por tanto, se pueda dar el caso de que las referidas marcas pertenezcan también a ese siglo.
Tampoco hay que descartar, a priori, que pueda tratarse de graffitis, marcas realizadas por peregrinos para dejar constancia de su paso por el lugar o, puestos a especular, señales que de alguna manera servían de orientación a otros peregrinos, incluso barajando la posibilidad de haber sido realizadas en diferentes periodos históricos.
Aparte de las más grandes y remarcables, de las que hablaremos más adelante, se localizan marcas comunes a la gran mayoría de templos; entre ellas, se pueden reseñar las siguientes: estrella de cinco puntas; cruz latina; compás; marca rúnica en forma de zeta; el arco y la flecha; los zapatitos (no tan hábilmente tallados como en otros templos) y el aspa o cruz de San Andrés...
(1) Antonio Herrera Casado: 'El románico de Guadalajara', aache ediciones, 2ª edición, 2003, página 59.
Bueno, por las fotos, deduzco que se trata de grafitis de peregrino, pues en modo alguno tienen las características de las marcas de cantería: regularidad, seguridad del trazo, profundidad del tallado, etc., y sí los caracteres del viajero casual: irregularidad, trazo inseguro, escasa profundidad.
ResponderEliminarEstas marcas, eran tanto una afirmación personal: señal de haber realizado determinado peregrinaje, como un signo de participación en la sacralidad del templo y en la energía telúrica del lugar en que estaba enclavado.
Su utilización viene de antiguo, de muy antiguo, fíjate que muchos de tales signos son lo que se conoce como "Monxoi", Montes del Gozo: un triángulo, o pie escalonado, coronado por una cruz. Como memoria lejana de los "Montes de Mercurio", empleados por la Antigua Religión, para marcar determinados cruces de camino en que se honraba a los espíritus protectores de los viajeros.
La costumbre, perdura todavía hoy, y los viajeros o peregrinos siguen dejando piedrecillas en tales montículos, como ofrendas a esos espíritus...
Salud y fraternidad.
No tan escasa profundidad, pero sí, en gran parte tienes razón en tu apreciación, estimado Magister. Pero hay detalles curiosos, como por ejemplo, la forma de flecha que se les da; forma que, si tomas la parte central, observarás que conforma una perfecta pata de oca. De ahí mi apreciación de que quizás fueran señales o claves dejadas por peregrinos o por no peregrinos. Es cierto, también, que no tienen la perfección de muchas marcas de cantería; pero creo que, si pudiéramos estudiar la evolución de éstas, veríamos cierta degradación producida con el tiempo. Si mi apreciación es correcta, podríamos suponer que las más artísticas seguramente corresponden a periodos de mayor interés o espiritualidad; por ejemplo, siglos XII-XIII. En fin, son muchas las cuestiones que pasan por la cabeza cuando se trata del fascinante mundo de los canteros medievales. Un abrazo
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