jueves, 19 de agosto de 2010

Villacadima: marcas canteras en el ábside de la iglesia de un pueblo abandonado

Posiblemente, lo más destacable de este despoblado de Guadalajara -aparte del románico y las marcas de cantería localizadas, sobre todo, en el ábside de su iglesia de San Pedro- sea su situación, a la vera de la Sierra de Pela -con su curiosa e interesante ermita del Santo Alto Rey y sus extraordinarias leyendas sobre templarios- así como su proximidad a la frontera de las provincias de Segovia y Soria, siendo reseñables de ésta última, al menos, la localidad de Pedro y su ermita hispano-visigoda del siglo VII -ermita de la Virgen del Val- y la relativa cercanía al yacimiento arqueológico de Tiermes.
Del románico destacado de la zona cabe comentar, así mismo, su cercanía a las localidades de Campisábalos -con su extraordinaria iglesia de San Bartolomé, incluido su interesante calendario agrícola y una menos conocida aunque enigmática capilla añadida, denominada como del Caballero Galindo o del Caballero San Galindo- y por supuesto, Albendiego, pueblo en el que se localiza una de las joyas indiscutibles del románico mudéjar de la provincia: la iglesia de Santa Coloma, en periodo de restauración, al menos la última vez que la visité, hace ya algo más de un año.

Población destacable, y reseña cultural de primer orden, cabe citar, también, a Atienza, lugar en el que, aparte de otros templos hoy día convertidos en museos -como San Gil o San Bartolomé- se puede mencionar la iglesia de Santa María del Rey y su extraordinaria portada del siglo XII, así como aquella otra más humilde y situada a las afueras que, denominada como la ermita visigoda de Pedro -ermita de la Virgen del Val- muestra en su portada principal, distribuídos a todo lo largo de su arquivolta principal, interesantes figuras de contorsionistas, no desconocidas en España, aunque generalmente representadas en figuras sueltas, sobre todo en cuanto a canecillos se refiere. Estamos, pues, frente a una auténtica e interesante rareza, dentro del amplia espectro del románico español.


Pero volviendo al tema que nos ocupa, un detalle a tener en cuenta, son las sucesivas remodelaciones de este templo de San Pedro a lo largo de su historia, según comenta Antonio Herrera Casado (1) quien, refiriéndose precisamente al ábside, lugar en el que se localizan las marcas de cantería -algunas son las que se muestran en las últimas fotografías-, lo sitúa como obra del siglo XVI.
Este dato dificulta, en parte, la posible datación -cuestión ya de por sí espinosa- aunque puede sugerir la hipótesis de que los sillares reutilizados en la remodelación sean, posiblemente, los sillares originales del siglo XII y por tanto, se pueda dar el caso de que las referidas marcas pertenezcan también a ese siglo.


Por otra parte, en su observación, se pueden sacar algunas conclusiones -rebatibles, por supuesto- destacando, en primer lugar, su aparente desconcierto o caos, ocupando varias marcas un mismo sillar, detalle que, si hemos de ser objetivos, desbarataría, en principio, la hipótesis sillar-jornal tan aceptada entre los historiadores oficiales.
Tampoco hay que descartar, a priori, que pueda tratarse de graffitis, marcas realizadas por peregrinos para dejar constancia de su paso por el lugar o, puestos a especular, señales que de alguna manera servían de orientación a otros peregrinos, incluso barajando la posibilidad de haber sido realizadas en diferentes periodos históricos.
Aparte de las más grandes y remarcables, de las que hablaremos más adelante, se localizan marcas comunes a la gran mayoría de templos; entre ellas, se pueden reseñar las siguientes: estrella de cinco puntas; cruz latina; compás; marca rúnica en forma de zeta; el arco y la flecha; los zapatitos (no tan hábilmente tallados como en otros templos) y el aspa o cruz de San Andrés...

(1) Antonio Herrera Casado: 'El románico de Guadalajara', aache ediciones, 2ª edición, 2003, página 59.




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