miércoles, 29 de septiembre de 2010

Canteros del Císter: Monasterio de Santa María de Huerta

No deja de ser una paradoja que, promulgadores a ultranza de la austeridad como vía de retorno a las auténticas fuentes del Cristianismo, los monasterios cistercienses contengan, profundamente labradas en sus sillares, una verdadera cilla -permítaseme la comparación- capaz de contener, en sus marcas de cantería, una variada y apasionante riqueza simbólica, que hoy por hoy, se escapa a todo intento de interpretación.
Da la impresión, no obstante, de que dispuestas sin aparente orden y concierto, choquen, de alguna manera, con ese elaborado concepto del hombre medieval del siglo XIII, que representaba a Dios con un compás en la mano, otorgándole el papel de arquitecto o creador de un universo ordenado y milimétrico, donde todo tiene un motivo y una razón de ser.
Papel y definición, por otra parte, adoptado posteriormente por las sociedades masónicas modernas, siguiendo esa supuesta línea hereditaria iniciada por las hermandades compañeriles medievales.
A propósito del tema, manifestaba San Agustín, allá por el siglo IV y refiriéndose al concepto de tiempo que, si nadie me pregunta, lo sé. Si deseo explicárselo a alguien que lo pregunte, no lo sé. Una sensación similar se experimenta, cuando se interpola el concepto tiempo a la problemática interpretativa de las marcas, que es el problema que nos ocupa, por no decir, mejor, que nos preocupa y que en este caso, posiblemente pertenezcan a diferentes épocas.
Antes de iniciar los prolegómenos que conlleva siempre el intento de interpretación -cualquiera que sea la naturaleza de éste- es conveniente situarnos en el edificio objeto de nuestra atención: el Monasterio de Santa María de Huerta.
Situado a una distancia equidistante una treintena de kilómetros, aproximadamente, de Medinaceli y otro tanto del también monasterio cisterciense de Piedra, los orígenes de Santa María de Huerta habría que situarlos una cincuentena de años después del movimiento de escisión que dio lugar al nacimiento de la Orden del Císter; es decir, alrededor del año 1150. De ésta época, siglo XII, data la portada de la iglesia, situada debajo del extraordinario rosetón que, entre otras cosas, le sirve como punto de referencia. Es en ésta pared de la iglesia, donde se encuentra anexo el pequeño cementerio, que se localiza un número determinado de interesantes marcas, incluida la emblemática estrella de cinco puntas o pentalfa.
Un segundo foco de localización de marcas, lo tendríamos una vez situados en el interior del monasterio, en las paredes que conforman su austero claustro del siglo XIII, y dentro también de la iglesia, en una de sus capillas más pequeñas y antiguas: la de la Magdalena.
El tercer foco, no obstante, y donde más abundancia de marcas se localizan, incluida la significativa pata de oca o runa de la vida (1), se encuentra en la posterior posterior del monasterio, precisamente la zona más antigua y, de hecho, más deteriorada del mismo.
(1) Sería interesante reseñar que, entre otras derivaciones, en la cosmogonía egipcia, el dios Amón ("el Oculto"), se asimilaba al dios Re, de la cosmogonía heliopolitana y era representado como una oca o un ganso.

video

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Montalbán: marcas de cantería en un castillo templario


La iglesia de Santa María, en Ayllón, es un híbrido levantado con los sillares de varias iglesias románicas que ofrecían antaño un fidedigno testimonio de la importancia de esta villa segoviana en la Edad Media. Aparte de los sillares, también se utilizaron -supongo que sin otro orden ni concierto ni otra intencionalidad que la de un simple relleno- restos temáticos que en el tiempo original -probablemente, siglos XII ó XIII- representaban figuras y símbolos cuya disposición, evidentemente, así como su probable significado secuencial, se ha perdido por completo. Verlos sobresaliendo del vetusto armazón de la actual parroquia, aparte de una lógica curiosidad, genera, también, una cierta sensación de extrañeza. Posiblemente a consecuencia de dicha sensación, y con ánimo de entablar conversación, recuerdo que la áultima vez que estuve en Ayllón -si no me falla la memoria, debió de ser hace algo más de un año- le pregunté al párroco, si sabía qué significaban esos extraños símbolos. Una pregunta posiblemente estúpida, lo reconozco, pero ahora bien, hecha con ese tipo de espontaneidad que sólo se manifiesta cuando la curiosidad y los deseos de saber, no se pueden reprimir. El párroco en cuestión, un hombre relativamente joven todavía, se encogió de hombros y aunque cortés, me contestó:

- No son extraños; sencillamente, no los entendemos.

A mi modo de ver, el buen hombre -quizás con la intención de quitarse a un posible pesado de encima- y momentáneamente iluminado, dijo una verdad como un templo. Templo, Verdad y Entendimiento. Tres conceptos que, no me cabe duda, estuvieron estrechamente ligados en su momento, y en la actualidad forman por separado las piezas vitales de un complejo rompecabezas cuya resolución, a falta de una oportuna piedra de Rosetta que nos ofrezca la clave, está aún lejos de conseguirse.


video


Por eso, es conveniente que entendamos que prácticamente todo cuanto podemos hacer en este complejo tema es, sencilla y llanamente -mal que me pese decirlo- especular.

Especulando, pues, y siguiendo con el hilo argumental de esta breve introducción, permítaseme ahora hacer un pequeño viaje (espero que los vídeos que se acompañan, ayuden a ambientarse) para trasladarnos a las cercanías de la arcana Toletum, la antigua y multicultural capital visigoda, y comentar sobre algunos de sus enclaves más misteriosos y significativos.


video

A menos de una treintena de kilómetros de alli, y dentro del término municipal de La Puebla de Montalbán, se localiza el castillo objeto de la presente entrada. Extraordinariamente cerca como para no considerarlo una mera casualidad, se encuentra un emblemático complejo sagrado visigótico, conocido como Santa María de Melque, así como también otro elemento sacro de la cultura megalítica: un dolmen.

Elementos ya de por sí más que suficientes para atraer la atención de un cuerpo medieval de élite, no sólo referido a sus cualidades en el campo de batalla, sino también por ser lo suficientemente audaces como para embarcarse en la más absoluta de las búsquedas trascendentales, con independencia de su origen y línea de pensamiento: los templarios.


video

Aunque no fueron los constructores del castillo, ni tampoco -como parece demostrado históricamente- los únicos que procedieron en algún momento a su remodelación, adaptándolo a sus necesidades y conveniencia, los investigadores tienen a ver su sombra -alargada y terriblemente escurridiza- detrás de la asombrosa cantidad de marcas de cantería que hacen de él, no me cabe duda, un caso notablemente atípico. Tal vez resulte significativa la presencia entre éstas, de un símbolo frecuente en numerosas construcciones templarias, e incluso en aquéllas otras que, basadas en la tradición oral, se les atribuye: la pentalfa.

Si bien es cierto que, aunque no demasiado frecuentes, sí se han localizado marcas en algún que otro castillo -incluso símbolos de inequívoco origen egipcio, el ankh o cruz de la vida, como es el caso del castillo alcarreño de la Riba de Santiuste, famoso, entre otras cosas, por las supuestas apariciones de un fantasma al que se llama popularmente Manuela y que fue foco de atención, entre otros, del programa Medianoche de la Cadena Ser, dirigido por Antonio José Alés- encontrárselas en número tan elevado sí que hacen, para nuestros propósitos, especial a éste histórico baluarte.

Difícil resulta sustraerse al poder las leyendas, cuando de castillos, templarios y hermandades compañeriles se trata; y aunque aún no han sido localizados -al menos en su totalidad- es cierto que se habla de túneles que conectaban el castillo con la ermita de Santa María de Melque, foco de atención y por algún tiempo lugar de pertenencia al Temple que, por si fuera poco, poseía en tiempos dos vírgenes titulares, con la particularidad de que una era negra y la otra blanca. El simbolismo de los colores del bauceant templario.


video

Las marcas, en su gran mayoría, son de base lineal y representan ángulos de 90 grados, que podrían tener relación, se me ocurre pensar en un principio, con ciertos códigos utilizados durante la Edad Media, atribuidos -con o sin fundamento- a templarios y rosacruces. En número menos significativo, aunque repetido con cierta frecuencia, aparece otro tipo de trazo lineal, semejante a una pajarita -por poner un ejemplo lo más aproximado posible a su forma- y una angulación probable de 30 grados; hay también triángulos equiláteros, así como flechas, típicas en la gran mayoría de edificaciones de índole románica. Cierta repetitividad tienen, así mismo, las representaciones crucíferas que se podrían calificar del tipo griego, dado que tienen los brazos iguales.

Significativos, por otra parte, podrían ser aquellos otros elementos que aparecen con escaso o unitario criterio. Entre estos, cabe destacar los siguientes: pentalfa, compás, círculo y un símbolo que se me ocurre muy similar a la ómicron griega.

martes, 14 de septiembre de 2010

Por sus huellas los conoceréis: la enigmática pentalfa

[Ermita de San Bartolomé, Soria]

Una frase teóricamente grandilocuente, si tenemos en cuenta el carácter reservado, generalmente anónimo, de un gremio del que posteriormente surgirían numerosas sociedades secretas, cuya consigna principal radicaba en el más hermético de los silencios, relativos a su arte y a sus actividades: las hermandades compañeriles.

[Ermita de San Bartolomé, Soria]

Esta actitud de anonimato y secretismo ha generado que, a lo largo de los siglos, todo lo referido a ellas se vea envuelto en un halo extraordinario de leyenda -generalmente magnificado- que implica que un intento de acercamiento a su conocimiento se realice a través de lo que se podría considerar, hipotéticamente hablando, como el lenguaje de los sueños, siendo su figura clave, evidentemente, el símbolo.

[Anverso de una lauda sepulcral templaria]

Es, mediante la representación sensorialmente perceptible de una realidad -utilizando los parámetros establecidos por la Real Academia de la Lengua- como estas hermandades han dejado huella de su existencia, sirviendo, además, de referencia para aquellos que, con posterioridad, estuvieron en condiciones de percibir e interpretar sus señales, basadas en la preservación y prevención de un supuesto Conocimiento arcano, cuando no universal, reservado sólo para los elegidos, dada la dimensión de su naturaleza.

[Monasterio de Veruela]

Uno de los símbolos que define, cuando no representa parte de este Conocimiento ancestral, es la estrella de cinco puntas o pentalfa. Conocida desde tiempo inmemorial, no sólo representaba la marca personal del cantero o del gremio de cantería en cuestión, sino que además se utilizaba como marca o señal de reconocimiento entre los miembros de diversas sociedades. Posiblemente, el ejemplo más significativo sea el de los pitagóricos. A este respecto, no deja de ser oportunamente interesante, la aseveración de Juan García Atienza (1) quien, refiriéndose al tema que nos ocupa, añade:
...el pentáculo, la estrella salomónica de cinco puntas, el signo especialmente utilizado por los constructores medievales que heredarán los masones desde sus albores oficiales en los inicios del siglo XVIII.

[Iglesia de Santa Cecilia, Vallespinoso de Aguilar, Palencia]
Pero mucho antes de que la sociedad helena viviera su auténtico apogeo histórico y cultural, antes incluso de que aparecieran estos gremios canteros y estas sociedades secretas a las que hacemos referencia, resulta oportuno resaltar que la pentalfa era conocida por las civilizaciones más brillantes del mundo antiguo, como la egipcia y la babilónica, dejando constancia de tal conocimiento a través de los numerosos restos que han sobrevivido hasta nuestros días.

[Frómista, Palencia. Capitel]

Visible o no, es un hecho cierto que está presente en la gran mayoría de manifestaciones artisticas, jugando un papel relevante dentro de la denominada geometría sagrada. Y también, si observamos su evolución a la largo de la Historia, veremos que forma parte de otro tipo de manifestaciones y asociaciones.
Porque detrás de la figura de la pentalfa existe, así mismo, una auténtica mitología de índole o carácter ocultista, basada, en parte, en una pseudociencia que tuvo un auge inusitado en ciertos ambientes herméticos medievales: la de los talismanes. Basados, probablemente, en los precedentes mágicos de culturas pretéritas -cuando no, en las propias experiencias mágicas del mítico rey Salomón -este ambivalente símbolo se convierte en elemento imprescindible de una variada gama de amuletos y talismanes encaminados a atraer toda clase de venturas que a lo largo de los siglos han atraído irremisiblemente la atención del ser humano: amor, fortuna, salud, poder...

video


Yendo aún más lejos, y continuando con ésta asociación de índole oculta y mágica, la pentalfa también se ha visto envuelta en todo tipo de operaciones goéticas -tanto en rituales de magia blanca como en rituales de magia negra- como demuestra su presencia en antiguos grimorios, representada, por regla general, en el interior de círculos mágicos -otro modo de operar con la geometría- diseñados para la invocación de diferentes entidades supranaturales.
Curiosamente, destaca también su presencia en un sofisticado tablero -en cierto modo, precursor de los modernos sistemas criptográficos- diseñado por un conocido mago y astrólogo de época isabelina: el doctor John Dee.
Básicamente, dicho tablero se puede definir como una especie de traductor del lenguaje de los ángeles, el lenguaje enoquiano -el mismo que hablaban Adán y Eva antes de la Caída- que este polifacético personaje había aprendido de manera mediúmnica a través del vehículo físico de un espejo de cristal. Espejo y tablero se encuentran actualmente en el Museo Británico de Londres.
Quizás su propia trascendencia haya hecho que éste símbolo fuera adoptado, no obstante también, para señalar personas y condiciones, como parece demostrar el curioso capitel de la iglesia palentina de San Martín de Frómista (ver foto). Humildemente diré, que mi conocimiento de dicho capitel y su probable significado, se debe a las inestimables indicaciones de mi buena amiga Baruk, pues reconozco que yo no me percaté de su existencia, durante nuestra visita a Frómista, acaecida el pasado mes de agosto. Lo que yo, en principio, consideré como una posible marca de cantería grabada con alguna intención indeterminada en la bolsa o el zurrón del personaje del capitel en cuestión, representaba, simbólicamente en la Edad Media, al avaro; y por defecto -siglos más tarde, y en épocas de oscurantismo nazi, se les representaba con el otro símbolo salomónico por excelencia, la estrella de David- a los judíos. Recordemos, como dato a tener en cuenta, que en las proximidades de esta iglesia, existió, en tiempos, una aljama judía, detalle quizás no tan extraño, si tenemos en cuenta la concesión de puebla judía concedida por el rey Alfonso VII. De ahí que, de manera ofensiva, a los habitantes de Frómista se les denominaba los rabudos hasta tiempos relativamente recientes (2).



video
Por otra parte, su adopción por parte de una de las más célebres órdenes religoso-militares de la Edad Media -la Orden del Temple- queda de manifiesto en una provincia, Soria, y en la enigmática ermita de San Bartolomé, enclavada en lo más profundo de un paraje natural único: el Cañón del Río Lobos. Independientemente de que ya en el nombre del referido Cañón volvemos a encontrarnos con otro símbolo asociado a antiguos ritos célticos y a las hermandades compañeriles medievales -el lobo-, las dos pentalfas formadas por corazones entrelazados que conforman esa línea imaginaria o transepto de unión entre las capillas del Santo Cristo de la Agonía y la Virgen de la Salud, denotan, bien a las claras, la importancia esotérica e iniciática del lugar en cuestión.
Conseguir con una nitidez perfecta dicha pentalfa reflejada a la inversa del modelo original con una cámara fotográfica -como dato, añadiré que el modelo de cámara es una Energy System LCD LTPS 2.5"- tal y como se demuestra en el segundo vídeo, no tiene ningún mérito especial, eso sí, siempre y cuando la operación se realice desde la capilla de la Virgen, al pie de la llamada losa o piedra de la salud, y no a la inversa, pues el efecto, si se intenta conseguir desde la capilla del Santo Cristo de la Agonía, resulta apenas perceptible.
Volvemos a encontrar la pentalfa, en forma de marca de cantería, en la zona absidial de la ermita, no lejos de una marca maestra, como es el famoso báculo de San Bartolomé. E incluso a unos 60 kilómetros de distancia, en Soria capital, en el reverso de una de las tres estelas sepulcrales templarias que aún subsisten en los terrenos de lo que antaño fuera el monasterio de San Polo, en la actualidad, propiedad privada.
La naturaleza también nos ofrece sugerentes elementos basados en este modelo.
(1) Juan García Atienza: 'La meta secreta de los templarios', Ediciones Martínez Roca, S.A., 1979.
(2) Juan García Atienza: 'Segunda Guía de la España Mágica', Ediciones Martínez Roca, S.A., 1982, página 141.