miércoles, 24 de julio de 2013

El paganismo oculto de San Martiño de Mondoñedo


'Pues si los pergaminos, que con frecuencia devoran las llamas, son los archivos de los grandes, los archivos del pueblo, que nada borra, son sus canciones...'.
[Gérard de Séde (1)]

Dentro de lo que cabe, del pueblo y para el pueblo se podrían considerar, también, esos inconmensurables monumentos pétreos que hunden sus cimientos, en muchos casos, en los albores de los tiempos y que, cual pergaminos eternos, todavía conservan memorias de antiguos episodios, de creencias y sentimientos adoptados por diferentes culturas y transmitidos, de generación en generación, a través de los siglos y la magia de la piedra, amén. Mondoñedo, después de todo, es uno de tales lugares. Un lugar que desborda romanticismo y fantasía, y que una vez conseguido el acceso a su interior (2), pone a prueba, con sus innumerables detalles, la imaginación del observador. De eso trata la presente entrada: de observar e imaginar. Lo verdaderamente apasionante de la interpretación -bajo mi humilde punto de vista de aficionado-, es que libera la imaginación y permite especular sin los inconvenientes, muchas veces, de una rigidez académica que, por lo general, suele mirar hacia otro lado, cuando aquello que contempla puede herir la sensibilidad de una Historia previamente establecida. Llegados a este punto, quizás no fuera inconveniente, ni mucho menos, seguir el consejo de un viejo amigo -Xavier Musquera, que nos abandonó a principios de diciembre de 2009- y recordar aquél viejo proverbio chino, con que nos prevenía en las primeras páginas de uno de sus libros más apasionantes (3): Sólo si declaras la guerra a todas las religiones, estarás en paz con Dios.
Declarada, pues, la guerra a todas las religiones, de este lugar tan especial de la Galicia mítica, se puede comenzar la introducción, diciendo que fue convertido en sede episcopal en el año 870 por Sabanico, obispo de Dumio, tras su huida de la invasión musulmana y el templo dedicado a la figura de San Martín -obviamente, de Tours, y entrañable y familiarmente para los gallegos, San Martiño, que el otro, el de Dumio, buena labor de destrucción realizó entre el megalitismo imperante-, no en vano está considerado como la catedral más antigua de España. Sea esto discutible o no, lo cierto es que, aún con toda la espectacularidad que todavía conserva, San Martiño de Mondoñedo muestra, no obstante, tan sólo una pequeña, quizás ínfima parte de lo que fue en realidad: un inmenso complejo religioso, del que apenas sobreviven la iglesia y la antigua casa prioral
Iniciada su construcción en el año 977 por el obispo San Rosendo -célebre, al parecer, por sus numerosos milagros, tanto en vida como después de muerto, cuyo sarcófago se conserva todavía en el interior del templo, gozando de buena salud como depositario de peticiones y exvotos-, en su estructura no resulta difícil adivinar una más que notable influencia de origen lombardo, aderezada -según opinan algunos expertos- con modelos comunes al denominado románico del Camino de Santiago. Afín o no a este románico (4), lo primero que llama poderosamente la atención, a todo aquél que se acerca a la portada principal de acceso, es el curioso Agnus Dei grabado en el tímpano. Y digo curioso, porque, una de dos, o bien el cantero que lo labró no era excesivamente hábil en el manejo del escoplo y el cincel, o quiso representar otra cosa. Porque, bien visto, aquello que originalmente, es de suponer que quisiera representar la figura de la víctima propiciatoria del sacrificio, el cordero, aquí semeja más la figura de un caballo. Cuestión de perspectiva, supongo, que sin embargo, no representa una ilusión óptica cuando, una vez en el interior y recuperados de la impresión de las magníficas representaciones pictóricas que aún se conservan -que en su momento, pueden suponer un interesante debate-, se comienzan a observar ciertos gazapos heterodoxos, mezclados con las a priori, evangélicas escenas. Una de ellas, sin duda, radica en el curioso banquete -figura de perro incluida a los pies de los comensales, como a los pies del caballero, figura también en numerosos sepulcros medievales, localizados, sobre todo, en la vecina provincia de Orense (5)- donde frente a uno de ellos, se observa una cabeza cortada en un plato. Cabeza que, generalmente, se identifica con la de Juan el Bautista. Ahora bien, no parece que se aprecien, ni en la mesa ni en las escenas de alrededor, figuras femeninas, como sería el caso, y es entonces, cuando uno se pregunta qué ha sido, o por qué el cantero, obvió la típica figura de Salomé, siquiera como bailarina amenizante de la cena, tal y como era uno de los temas más destacados, por ejemplo, del denominado Maestro de Agüero o de San Juan de la Peña. Y tratándose de Galicia, este es un detalle que suscita no pocas suspicacias; porque claro, aquí el tema de las cabezas cortadas, ha tenido siempre dos antagonistas que han protagonizado no pocas conjeturas e hipótesis por su interés y relevancia: Santiago el Mayor y Prisciliano.


No muy lejos de éste, otro capitel, no sólo llama la atención, sino que también sorprende por el simbolismo desplegado. Posiblemente, sea en éste mismo capitel y lo que representa, donde los investigadores constaten ciertas similitudes con otro no menos despreciable templo de la vecina provincia de Asturias: la Colegiata de San Pedro de Teverga. Sobre todo, porque a ambos lados, se representa la figura de sendos sacerdotes portando una máscara ritual de origen animal -aquí, en San Martiño, el animal se ve completo, y a juzgar por su forma, puede tratarse de caballos e incluso quizá de lobos- que completan una escena, en cuyo centro, aparte de otros símbolos y una serpiente, se observa, perfectamente cincelada, una cruz muy particular: la cruz ansata, el ank egipcio o cruz de la vida, elemento representativo de una Dama muy especial. Aquélla que se presentó a Plutarco, al final de su iniciación, como -independientemente de ser conocida por muchos nombres- la Diosa Isis. Es decir, la Gran Diosa Madre.
Otro de los animales que más veces aparece representado y que hunde sus raíces en la más depurada de las mitologías greco-romanas, es el águila, animal emblemático de los dioses supremos de ambos panteones, Zeus y Júpiter. Animal que también, por añadidura, formaba parte de la visión del profeta Ezequiel y que posteriormente, fue adoptado como emblema representativo del más críptico y visionario de los cuatro Evangelistas: San Juan.
Esto, por no mencionar la presencia de otro elemento característico del románico, como es aquél que representa a un hombre desnudo, con el miembro enhiesto -en este caso, censurado por la acción inefable del martillo inquisitorial- y un instrumento típicamente pagano en los labios: el cuerno.
En fin, apenas un pequeño entremés para un lugar extraordinario, que todavía tiene muchos secretos que mostrar y muchas interrogantes que plantear.


(1) Gérard de Séde: 'El tesoro cátaro', Plaza & Janés, S.A., Editores, 2ª edición, diciembre de 1969, página 208.
(2) Realmente, no resulta fácil, si no se va en grupo. Y aquí lo dejo.
(3) Xavier Musquera: 'El triunfo del paganismo: claves ocultas del Cristianismo', Ediciones Espejo de Tinta, S.L., 2007.
(4) Para ser sincero, y dentro de que mi experiencia en cuanto al románico gallego se refiere, apenas comienza a ser un proyecto, por lo poco o mucho que he podido ver hasta el día de la fecha, casi prefiero, si me apuran, el otro románico gallego, ese que, quizás lejos o lo suficientemente desviado de las principales rutas de peregrinación, asombra con el detallado paganismo añadido a las portadas principales de acceso al templo. Un buen ejemplo de ello, lo tendríamos en las cercanías de Ferreira de Pantón y la impresionante iglesia de San Fiz de Cangas, donde no sólo es posible descubrir descarados símbolos fálicos, sino también, perfectamente esculpido junto a una curiosa cruz de ocho brazos, un triple recinto celta.
(5) Dos ejemplos notables, se localizarían en la iglesia de Santiago, en Allariz y en la Colegiata de Santa María, en Xunqueira de Ambía.

La presente entrada se ha publicado también en STEEMIT, el día 16 de diciembre de 2017: https://steemit.com/spanish/@juancar347/el-paganismo-oculto-de-san-martino-de-mondonedo

2 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos:
    Partiendo del tema de observar, (una vez más sin ideas preconcebidas), pienso que hay algo más que el simple hecho de observar. Hay una frase que me encanta y dice:
    Cuando hay un oído que escucha, hay una boca que habla.
    Cuando miramos estos trabajos con los ojos con los que tu los miras. Tu mente se estaciona en unas ondas que ya le son conocidas. Quizá la paz o el silencio de estos sitios, nos hagan más propensos a captar ciertas “inconcluencias”, como si de una musa se tratase.
    Otra de las cosas, de las que ya no me sorprendo, son algo así como que ya no hay casualidades en mi vida.
    Aparece temas ante ti, que mas tarde dices: “fijate que lo vi, lo lei en tal sitio hace poco, y ahora me ocurre esto / encuentro esto”.
    A veces parece, que ves cosas en el momento preciso y otras se dejan correr. En cualquier caso es algo apasionante el mirar, desde puntos de vista diferentes.

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  2. Las Piedras, y lo digo con todo el respeto, gritan y algunas veces lo hacen con voz atronadora. Hace falta dedicarles, cuando menos atención y ternura. Mis ojos, créetelo, se han ido acostumbrando a mirar mientras aprendían de los fracasos, mientras permanecían ciegos a la multitud de caricias que las piedras les dedicaban. ¿Puedes imaginarte lo frustrante que es haber estado en un sitio y enterarte después, cuando ya es tarde y estás a cientos de kilómetros de distancia, de esto o de aquello que, en tu precipitación, no viste?. Todo esto conforma experiencias de las que se aprende, llantos de impotencia y golpes en la cabeza, diciéndote: cegato, que eres un cegato, pero si lo tenías ahí mismo, frente a ti, guiñándote el ojo...Por eso, cuando emprendo viaje, procuro tener siempre todos los sentidos alerta, sabedor de que la sorpresa te espera en cualquier recoveco del camino, en la más humilde de las ermitas, en la más compleja de las catedrales, en el anverso de una roca megalítica cubierta de musgo...Son los 'palos' del Camino, estimada amiga, y ya conoces aquél refrán que dice que a palos aprende el burro.
    Sobre lo otro que me comentas, me parece que entra de lleno en lo que (creo) que Jung denominaba como 'sincronicidad': una sencilla ecuación que consigue que en un momento determinado varias fuerzas se impliquen en la consecución de un objetivo. Paulo Coelho, escritor brasileño autor de singulares obras (El Alquimista, es una de las que más me gusta, por ejemplo) tenía para esto una frase que no tiene desperdicio y que, de hecho, he utilizado numerosas veces como introducción en alguna de mis entradas: 'cuando uno desea algo con intensidad, el Universo entero conspira para conseguírselo'. Yo creo que todo tiene su momento y su sitio. Y por supuesto, tener puntos de vista diferentes, no sólo es conveniente, en mi opinión, sino que también nos enriquece, pues si algo tengo claro, es que todos aprendemos de todos.
    Saludos

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