miércoles, 18 de septiembre de 2013

Noya: el cementerio de los símbolos olvidados


'Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados...'
[Carlos Ruiz Zafón (1)]
 
Dudo mucho que cuando Carlos Ruiz Zafón pensó en su Cementerio de los Libros Olvidados, imaginase que quizás, sólo digo quizás, ese cementerio existiera en realidad. O quizás, no. Quizás -en el fondo, todo se reduce a una simplificada cuestión de incertidumbres-, una idea tan brillante le fuera románticamente sugerida por un cementerio, cuando menos tan peculiar como el de Noya. Un cementerio mágico -como la dulce tristeza de Rosalía de Castro-, en cuyos muros se apilan, como si fueran cartón viejo destinado a ser recogido y reciclado en un insulso producto nuevo, docenas de fabulosos libros de piedra, cuyo enigmático mensaje, no hay maestro en actualidad que sepa descifrar. Son auténticos, genuinos libros de piedra, escritos en el lenguaje de los sueños -puede que, después de todo, éste no sea otro que el incomprensible lenguaje de las aves-, aquél que ya no comprendemos y que, posiblemente, las generaciones pretéritas lo grabaran con una intención que, por desgracia, también nos vemos incapaces realmente de valorar. Pero están ahí, arrinconados como ropa vieja, expuestos a la caricia del viento -que a veces llega envalentonado, procedente de la Ría-, ateridos frente a la lluvia de la que se alimenta la tupida sabana de musgo que los cubre, sedientos frente al sol de unos estíos que los dora, y en algunos casos, hasta cuartea. La pérdida de la memoria, referida a unos personajes anónimos, entre cuyas filas quizás -vuelvo a repetir, que la incertidumbre es una sensación con la que se vive constantemente frente a los mensajes del pasado- ejercieron muchos de los maestros que labraban magia con sus manos y que, sin más gloria que la propia satisfacción de ver su obra terminada, sembraron de maravillas ese Camino de la Oca, que sin importar la ruta o los caminos elegidos, siempre tiene como destino Galicia.
Por otra parte, y como determinada por una selección netamente darwiniana, existe otra colección, ajena al olvido existencial de la intemperie, que conforma el leif-motiv principal de la próxima entrada: la exposición permanente de losas sepulcrales que se localiza en la anexa iglesia de Santa María a Nova, y que os invito a visitar, plácidamente sentados frente a la pantalla de vuestros ordenadores, en un futuro próximo. Quién sabe, quizás entre ellas alguien como la genial escritora Matilde Asensi pueda sonreír pícaramente recordando aquéllas que le sirvieron de modelo para llevar la iniciación de su personaje principal -Galcerán de Born, alias el Perquisitore (2)- al séptimo cielo de los elegidos; o quizás los más, como servidor hace poco, puedan hacerse una idea más aproximada de todo cuanto de referencia hayan leído y no hayan tenido la oportunidad de presenciar con sus propios ojos. Creo que, después de todo, obviando los comentarios e incluso las opiniones que cada uno se pueda o no formar sobre el tema, lo más objetivo, después de todo, seguirá siendo una imagen. Y ya se sabe, que una imagen vale más que mil palabras. 


(1) Carlos Ruiz Zafón: 'La sombra del viento', Editorial Planeta, S.A., 2008, página 13.
(2) Matilde Asensi: 'Iacobus' y 'Peregrinatio', Editorial Planeta.

5 comentarios:

  1. Viendo las losas apiladas sin ningún miramiento me he imaginado un museo de verdad que las acogiera a todas con la misma veneración como si fueran guerreros de Siam. Estuve hace una década por allí y recuerdo que había algunas "expuestas" en la pared del cementerio; ahora la tregua acabó y veo que ha ganado el desdén de la ignorancia. Volví este agosto pasado y no pude ver el museo porque era sábado por la tarde y estaba cerrado, pero recuerdo que la iglesia era pequeña y no estará todo lo que debería. El Maestro Pazín, que fue el cicerone de mi primera visita a Noia aseguraba que esas lápidas nunca sirvieron para enterrar a nadie, aunque estuvieran en un cementerio. Quizás tengan algo que ver con ese Joan de Estivadas, que puede ser pariente de Noe o un simple extraterrestre...

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  2. Estimado amigo: en honor a la verdad, hay de todo. La ignorancia, aunque cueste decirlo, en mayor o menor medida, siempre tiene su estatus honorífico de protagonismo. Hay una exposición permanente de losas en el interior de la iglesia de Santa María a Nova; supongo que al hacer la selección, tuvieron en cuenta factores como su estado de conservación e incluso, si me apuras, el grado de interés o rareza de los símbolos y grabados en ellas contenidos. Parece cierto también, como bien expones -y he aquí, uno de los principales misterios- que esas losas, en efecto, nunca sirvieron de sepultura. No me convence, por otro lado, la sencillez con que se catalogan, sin más planteamiento que la simpleza de decir que pertenecieron a diferentes gremios: canteros, sastres, carniceros, marineros, etc, obviando, de una manera manifiesta, el complejo y a la vez basto universo ideográfico que tienen en sí mismas. Otro de los mayores enigmas -y acepto cualquier teoría al respecto, menos la extraterrestre- es el sarcófago de Ioan de Estivadas. Me quedaría -porque la relación Galicia-Mar resulta mucho más que evidente, yo diría que extraordinaria- con esa referencia a Noé -recuerda que existen muchas historias referentes a éste y sus descendientes, entre ellas, una nieta, de nombre Noela- y a esos misteriosos 'Pueblos del Mar', que dejaron parte de su cultura y sus creencias grabados en las rocas. Pero volvemos a la eterna cuestión: oficialmente, no parece haber un interés especial en profundizar en estos misterios. Y no lo hay, porque posiblemente se intuya que penetrar en ellos conlleve el tener que modificar partes muy sustanciosas de un pasado muy remoto, cuya sabiduría no conviene destacar. Evidentemente, yo no tengo las respuestas, pero sí tengo el suficiente interés y el suficiente entusiasmo como para intentar devanarme los sesos y tratar de hacer algo lo suficientemente digno e interesante, que al menos fomente el interés y el respeto hacia esta herencia monumental. Espero tu opinión en la próxima entrada, cuando muestre el museo por dentro, aunque, como digo, quizás no haya cambiado demasiado desde la época en que lo visitaste. Gracias por tu comentario y un abrazo

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  3. Pues hay algo es estos símbolos que a mi me llama poderosamente la atención, el saber que significan, el saber porque se grabaron o el porque de los sitios en los que se conservan. Asi que me da pena que se pierda a la intemperie. Cuando fui a Galicia saque alguna foto a una especie lapida, con un pico y alguna cosa mas.
    Muchos símbolos geométricos tienen su significado, unos son alquímicos y otros mas antiguos, imagino que juntando unos con otros, contaran historias pero que se yo.
    En Praga explicaban que en la antigüedad las calles no tenían nombre por eso la ciudad esta plagada de simbolismos en las fachadas de las casas, para informar al visitante de si estaba en la zona de una familia, u oficio. Alguna de estas "lapidas" ¿podría servir para eso?, para informar: casa de canteros, curtidores, o cualquier oficio que al peregrino.
    Por cierto, por aquí en Tobalina también tenemos una leyenda, sobre Noe, parece ser que por aquí estuvo un nieto: Tubal, "Tubal...lina" ajjaja, y que se quedo por aquí de eremita en una de nuestras cuevas, donde le enterraron. El gran pueblo español tiene historias para todo.

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  4. Hola, Minerva. Qué duda cabe que lo te llama la atención, es precisamente lo que nos trae a todos de cabeza: qué significan, quién los grabó, por qué los grabó y qué es lo que atrajo tanto o causó tanto interés en un pueblecito costero como Noya. Quizás la respuesta, dicho sea de un modo metafórico, esté contenida en esas olas que el Mar (posiblemente, ahí esté la clave)lleva y trae a su antojo. Me parece muy interesante tu comentario sobre Praga, otra ciudad misteriosa, enigmática y a la vez 'mágica' donde las haya. En realidad, creo que no hay mucha diferencia. En Compostela, como sabes, las plazas y calles que se arremolinan con la catedral, llevan el nombre de los gremios que practicaron y aún hoy día continúan practicando sus oficios: obradoiro, platerías, etc. Otros símbolos, como la estrella de David, entre otras funciones, señalaban no sólo la avaricia, sino también las juderías. Me temo, por otra parte, que esas losas no eran informativas en el sentido de tu pregunta; y lo comento, por una razón muy sencilla: parece que siempre estuvieron ahí, en el cementerio, dentro y fuera de una iglesia que, otro dato a tener en cuenta, lleva el título de 'a Nova', es decir, 'la Nueva', señalando -es sólo una opinión- que quizás hubo otra anterior dedicada a la figura de Santa María. Historias sobre Noé, aunque parezca increíble, se recogen en muchísimos lugares de España. Aquí, concretamente, se recoge una tradición acerca de otra nieta de Noé, Noela, que fue la fundadora de la ciudad. Parece más que evidente, su parentesco con este otro personaje legendario de la Protohistoria que me citas, Túbal. El gran pueblo español, como dices, no sólo tiene historias para todo -historias apasionantes, por cierto- sino también una Historia mucho más remota de lo que se piensa. Me causa tristeza que en la exposición permanente que mantienen en el interior de la iglesia, se hallan lavado las manos, ofreciendo la explicación más sencilla: 'lápida del gremio de canteros', 'lápido del gremio de zapateros', 'lápida del gremio de carniceros', etc, según el símbolo o los símbolos principales. Ese es el gran problema: sólo nos conformamos con arañar la superficie, pero cuando vemos que el enigma nos supera...En fin, gracias por tu comentario y espero que, cuando pueda mostrar la próxima entrada, no seas demasiado crítica con mis apreciaciones. Al fin y al cabo, creo que con un enigma de ésta talla, poco más que especular se puede hacer. Saludos

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  5. Perdón, la avaricia, en la Edad Media, se señalaba con el Pentáculo o Sello de Salomón; es decir, la estrella de cinco puntas. A veces, las neuronas cerebrales juegan malas pasadas....

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