jueves, 17 de enero de 2013

Vaya par de gemelos: el daemon y el eidolon



'A la naturaleza le encanta ocultarse'
[Heráclito]
Parece más que probable, y es un tema generalmente aceptado por numerosos autores e investigadores (1), que los templarios, a pesar de ser acérrimos soldados de Cristo y de guardar fidelidad al Papa, que era, en realidad, la única figura a quien debían obediencia y pleitesía, no tuvieron ningún reparo en mantener acercamientos y relaciones con otros credos y culturas, y también, de hecho, con otras corrientes de pensamiento, cuya heterodoxia era sinónimo de herejía, para una Iglesia, apostólica y romana, que mantenía a ultranza el Literalismo como la única y suprema Verdad. Una de éstas corrientes, era la gnóstica, pudiéndose definir a sus practicantes, los gnósticos, como buscadores de la Gnosis o Conocimiento, y que, agrupados en diversos grupos o sectas, interpretaban las enseñanzas de Jesús de una manera muy diferente al modelo ortodoxo y literal establecido por los Primeros Padres de la Iglesia. Tal es así, que éstos, considerándolos extremadamente peligrosos, los persiguieron con auténtica saña a lo largo de la Historia. Pero la presente entrada, aunque relacionada, evidentemente, no pretende centrarse en las figuras de gnósticos y templarios, aunque sí en un curioso tema que pudieron compartir unos y otros, y que constituye apenas una mácula dentro del inmenso iceberg filosófico que engloba un conjunto de ideas y planteamientos mistéricos que se remontan, cuando menos, a los ritos y creencias practicados en su momento por las primeras grandes civilizaciones: el tema de los gemelos espirituales, aquéllos que se definían como daemon y eidolon.
Tampoco el vídeo que ilustra la presente entrada está elegido al azar, ni conlleva un exceso de templarismo por mi parte, puesto que las imágenes reproducen la iglesia de San Juan Bautista y parte de lo que queda actualmente de lo que fue una de las mayores encomiendas que tuvo el Temple en nuestro país: la de Aberin, en Navarra.
Próxima a Estella y Villatuerta, y no muy alejada de ese punto neurálgico donde convergen los principales caminos jacobeos, que es Puente la Reina, la portada de ésta iglesia de San Juan Bautista reproduce a la perfección, al menos de una manera gráfica, el tema a tratar, haciéndonos recordar, de paso, por qué el Camino de Santiago –no en vano, planificado principalmente por benedictinos, cistercienses y templarios- era una auténtica Universidad Mistérica, en la que los peregrinos avezados, aquéllos cuyos ojos sabían localizar la lectura entre líneas contenida en numerosos elementos situados a propósito en determinados lugares, alcanzaba, cuando menos, al final de su viaje, la obtención –comparativamente hablando, por supuesto-, de una licenciatura cum laude en esa, o en parte de esa Gnosis o Conocimiento al que aludíamos al principio. Quizás esto, nos haga pensar que no es casual, en absoluto, esa ferviente devoción que el Temple sentía por el concepto de la Dualidad, como tampoco parece casual –ni de hecho, muy común- que los diez capiteles –cinco a cada lado, no olvidemos tampoco la importancia pitagórica de los números- que conforman la portada de esta iglesia que, como ya se ha dicho, en tiempos fue el templo principal de la encomienda de Aberin, constituyan todo un poema a la dualidad. Porque, si nos fijamos bien, no tardaremos en percatarnos de que las figuras representadas en esos diez capiteles, independientemente de su forma y naturaleza, lo hacen en forma de parejas, es decir, de dos en dos: dos arpías, una arpía y un centauro-sagitario, dos leones, dos rostros humanos unidos por la cabeza, dos ocas con los cuellos entrelazados, motivo que se localiza, igualmente en la portada de la iglesia del Crucifijo, en Puente la Reina, también templaria y originalmente bajo la advocación de Nª Sª dels Ortzs, de los Huertos…
Independientemente de otras muchas consideraciones relacionadas con el complejo simbolismo añadido al tema de los gemelos (2), me pregunto, si después de todo, no podríamos considerar, también aquí, una posible referencia a ese concepto gnóstico que define a esos daemon y eidolon a los que se viene aludiendo, los cuales, siguiendo las pautas marcadas por la doctrina gnóstica, que también bebía de las fuentes de los Antiguos Misterios, se corresponderían con el gemelo celestial o yo superior y el eidolon, o yo inferior. Llegar a alcanzar la Gnosis, suponía fundirse con el yo superior y convertirse en Christos, una posición, evidentemente, alcanzada por muy pocos, perteneciendo a la categoría inferior, aquéllos que los gnósticos denominaban hílicos; es decir, aquellos que sucumbían a los caprichos del cuerpo y por lo tanto, permanecían prisioneros de sus instintos más bajos o de su yo inferior.
Observemos con atención los elementos de esta portada. ¿Acaso, no podríamos considerar representados estos conceptos, si no en todos, al menos en algunos de los elementos tan magistralmente labrados?. ¿No podríamos ver en las ocas, por ejemplo, un elemento representativo del gemelo celestial o Yo superior?. ¿Incluso una alusión al daemon en esas dos cabezas humanas, con cara de placidez, eternamente unidas?. ¿Y no serían, por otra parte, representaciones hilicas, representativas del mundo material de los deseos, sujeto al cuerpo y al yo inferior, las representaciones de arpías y otros monstruos?.
Pero claro, tan sólo se trata de una sugerencia que, en el fondo, tan sólo viene a demostrar la riqueza simbólica que se oculta en nuestros templos. Una riqueza que, independientemente de los significados que pretendamos darle, pasa generalmente desapercibida, posiblemente porque no nos detengamos el tiempo suficiente para meditar y buscar conexiones con lo que estamos viendo.


(1) De hecho, de aquí derivaría una de las causas que motivó la caída de la Orden del Temple y su terrible proceso por herejía.
(2) Se recomienda, por su calidad y porque también profundizan con el mito dentro de los llamados Antiguos Misterios,  la excelente entrada 'Géminis, Géminis', de los amigos del blog Salud y Románico: http://saludyromanico.blogspot.com.es/2012/05/geminis-geminis.html

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