sábado, 19 de octubre de 2013

La fascinante belleza de las iglesias de planta hexagonal


Cuando surge el tema de las iglesias de planta hexagonal, y surgen nombres como Santa María de Eunate, el Santo Sepulcro de Torres del Río o la Vera Cruz de Segovia -pocas veces o casi nunca se nombra al magnífico ejemplo que es la ermita de Santiago, situada en la cima del emblemático Monsacro asturiano-, inmediatamente se genera la pregunta y a la vez, la eterna discusión de la autoría: ¿sepulcrista o templaria?. De lo que no parece caber duda, es de que este modelo de iglesias de planta hexagonal u octogonal, dependiendo el caso, es un modelo importado de Oriente, y no son pocos los investigadores e historiadores que ven en ellas un efecto secundario de las Cruzadas; es decir, un modelo importado por los cruzados, basándose en los modelos originales de la Ciudad Santa.
Posiblemente, la polémica sobre su consideración como modelo de arquitectura templaria, la iniciara el arquitecto francés Violet-le-Duc quien, en su Diccionario de Arquitectura, esgrimía la hipótesis de que los templarios alzaban, en cada encomienda, una capilla que debía de ser la representación del Santo Sepulcro de Jerusalén, lugar que, como se sabe, constituyó la Casa Madre de la Orden en Tierra Santa. Pero también, ignoro si con conocimiento de causa o ajeno al dato, cierto es que los primeros custodios del Santo Sepulcro, fueron los canónigos regulares de San Agustín, puestos por Godofredo de Bouillon, una vez conquistada Jerusalén. Los canónigos regulares de San Agustín, antecesores del Temple, que posteriormente se constituyeron en la Orden del Santo Sepulcro y que, una década antes de Hugues de Payns y sus nueve compañeros fundaran la Orden del Temple, ya vestían una uniformidad consistente en hábito blanco con una cruz roja en el pecho.
Sea como sea, lo cierto es que, al parecer -y según me confió en cierta ocasión Rafael Alarcón Herrera, uno de los mayores especialistas en el tema-, este tipo de construcción fue bastante popular en la Península Ibérica. Lástima, pues, que hayan sobrevivido tan escasos ejemplares.
Sirva, pues, como regocijo visual el presente vídeo, y como entreacto a otra gran fascinante temática, como es Noya y sus innumerables misterios.


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