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Marcas de cantería en la iglesia más antigua de Sepúlveda

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C horros de sangre corren por las venas de su historia, pero también infinitos enigmas de difícil solución. Vista en la distancia, Sepúlveda es, comparativamente hablando, como esa fabulosa montaña de las tradiciones árabes, el Khaf , en cuya superficie habita el fabuloso pájaro Roc , pero en cuyas entrañas sobreviven, indolentes al paso tiempo, tesoros perdidos en la noche de los tiempos. Celtas y romanos, árabes y cristianos dejaron sus huellas en una inequívoca confluencia que, aunque a menor escala, hacen de esta ciudad una pequeña toletum enclavada en pleno corazón de Castilla. Basta echar un vistazo a sus calles estrechas, cargadas de símbolos y recuerdos, a su transformada judería, apenas reconocible por las nuevas construcciones y a sus milenarias tradiciones, para comprender que hubo un tiempo en el que el Conocimiento circulaba a su libre albedrío entre las distintas gentes del Libro. De su prosperidad medieval, dan cumplido testimonio los restos de las murallas que la c...

Santo Estevo de Ribas de Sil: Geometrías Mágicas en un monasterio de la Ribeira Sacra

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S e suponen los orígenes de este monasteriode Santo Estevo  en los brumosos tiempos de un siglo X, en los que la Península Ibérica estaba prácticamente sometida al control total del invasor agareno, tras el descalabro del ejército visigodo del rey Rodrigo en la célebre batalla del Guadalete, acaecida en el año 711. Época, en la que de alguna manera, proliferaba el eremitismo –generalmente, como un medio aceptado de acercarse a Dios en la meditación, la soledad y la pobreza, refugiándose en la matriz de la tierra, que en algunos casos, servía también para escapar de las continuas razzias de los musulmanes-, no es de extrañar que un monje, de nombre Franquila, decidiera, con la inestimable colaboración del rey Ordoño II, reagruparse en comunidad, adoptando una forma de vida monacal, basada en la Regla de San Benito o San Vieito, como se le recuerda por estas tierras. Tal es así, que considerado como el primer Abad de este monasterio de Santo Estevo, aparezca   su nombre co...

Marcas de cantería en las murallas medievales de Allariz

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D e esos ejemplos que demuestran que los canteros medievales dejaban su firma particular en prácticamente todas las obras en las que trabajaban y como complemento a aquellas que abundan en los castillos de Castro Caldelas y Maceda, tenemos otra notable prueba en los restos de las antiguas murallas que cercaban y protegían a la ciudad de Allariz. Éstas, en concreto, se localizan en las cercanías de la calle de la Horta y la antigua iglesia de San Pedro, que tan sólo conserva una portada de su antigua fábrica románica, en cuyos capiteles se puede adivinar, una mano similar a la que trabajó también en Zamora, curiosamente y sobre todo, en la iglesia que lleva por nombre Santa María de la Horta, lugar donde hasta tiempos relativamente recientes, se conservó el archivo general de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén en la provincia. -

Castillo de Castro Caldelas: Taus y marcas de cantería

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A escasos kilómetros del embarcadero de Abeleda y del monasterio venido a menos de San Paio , del que se habló en parte en la entrada anterior, se levanta la hermosa villa de Castro Caldelas. En ella, dominando el pueblo desde lo más alto de su casco histórico –seguramente, en el mismo emplazamiento donde en tiempos se levantara, con toda probabilidad un poblado o castro de origen celtíbero del que heredó el nombre-, se vislumbran, también en parte remodeladas y convertidas sus dependencias interiores en un pequeño parque temático, las antiguas murallas de su histórico castillo. O mejor aún, empleando un término más acorde y apropiado a estas tierras de leyenda, bruma y tradición: su Castelo. C edido en usufructo por la Casa de Alba al Ayuntamiento en el año 1991 –pasó a manos de esta poderosa familia a finales del siglo XVIII, cuando el entonces Conde de Lemos falleció sin tener descendencia-, el Castelo de Castro Caldelas guarda en su longeva memoria numerosos secretos ...

Marcas de cantería en un monasterio en ruinas: San Paio de Abeleda

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D e mi última estancia en tierras gallegas, acaecida a principios del pasado mes de septiembre, recuerdo con especial interés, la visita realizada al monasterio venido a menos de San Paio de Abeleda, situado en la Ribeira Sacra -o mejor dicho, si hemos de ser mínimamente rigurosos con la denominación medieval, la Rovoyra Sacrata -, a escasos kilómetros de distancia de la no menos interesante población de Castro Caldelas, a la que habremos de acudir en breve, si queremos seguir la pista de las hermandades de canteros que levantaron no sólo los cimientos espirituales de Occidente con su impecable destreza y buen hacer, sino que también, como veremos, dejaron su misteriosa impronta en numerosos edificios de carácter militar, y así mismo, por añadidura, en numerosos exponentes de la arquitectura civil. N o es cuestión de juzgar aquí los pormenores que han llevado a este venerable cenobio a convertirse en una ruina, aunque sí es conveniente y a la vez justo, especificar que de no habe...

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2014

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L as huellas se adormecen con la escarcha de los caminos. Duerme el sol a media tarde y los días bostezan melancolía, viendo la nieve caer detrás de la ventana. Fuego en el hogar y cuentos a la luz de la chimenea. Timbres que suenan, puertas que se abren y niños cantando villancicos al compás de zambombas y panderetas. De las dos caras de Jano , una comienza a bostezar: sueños blancos detrás de la Jauna Infernii , más allá de cuya puerta, el solsticio de invierno se abre a un nuevo pesebre de Belén. El tiempo se detiene. Por unos días, se detienen también el mazo y el escoplo. La búsqueda cesa y un sentimiento de paz invade la tierra. A migos, son vísperas de Navidad. Y como viene siendo costumbre, quiero aprovechar la ocasión, no sólo para dejarme embriagar por la nostalgia y un merecido dolce far niente , sino también para desearos una muy Feliz Navidad y que el año entrante nos depare a todos cuando menos salud y trabajo. Y si además viene cargado con multitud de sorprendentes...

Parecidos razonables: colores de otoño, colores románicos

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N o hay mayor Maestro ni mejor Modelo que la propia Naturaleza. Este es un sencillo axioma, que ya el hombre pareció intuir desde el alba de los tiempos, en esa época cavernaria en la que, por algún chispazo evolutivo, comenzó a sentirse artista; a mezclar pigmentos con sangre animal y reproducir -cuesta creer que a oscuras, pero he aquí otro interesante misterio- aquello que no sólo ensombrecía su aparentemente sencilla psique de primate, sino también, aquello cuanto le rodeaba, animales sobre todo, de los cuales no sólo se alimentaba, sino que a la vez adoraba o cuando menos homenajeaba, aprendiendo, en muchos casos, de sus costumbres y habilidades. Sería impreciso apuntar, o al menos yo no tengo una idea clara, de en qué momento concreto de su infinita historia, el hombre comenzó a copiar los modelos del mayor artista de la Creación. O mejor y más oportunamente dicho: de la mayor artista de la Creación. Una artista, que no es otra que la Naturaleza, a la que desde ese tiempo som...