lunes, 21 de febrero de 2011

Los Símbolos de una Reina silense: Nª Sª de Marzo

Si dejamos a un lado la apasionante imaginería simbólica que conllevan los formidables capiteles de este claustro de la abadía benedictina de Santo Domingo de Silos, observaremos, no sin cierta fascinación, el enorme despliegue de simbolismo que, en cuestión de pocos metros, implica a dos de los elementos que conforman una parte sustancial de la galería norte: el Cenotafio de Santo Domingo, y la imponente imagen sedente de Nª Sª de Marzo.
Como en la entrada anterior, en la que comentaba algunos de los símbolos del cenotafio de ese aútentico Magister que fue Santo Domingo, considero puntual la ocasión de fijar ahora la atención en otro apasionante atanor simbólico, que no es otro que el constituido por la imaginería mariana medieval. Imaginería que, dicho sea a modo de breve introducción, conserva gran parte de los misterios iniciáticos que, consignados de manera encubieta por una minoría de eruditos -o iniciados, como se prefiera- ajenos a la ortodoxia oficial, nos desvelan aspectos poco comprendidos del universo pre y post medieval.
Uno de los detalles que inevitablemente llaman la atención, en un primer vistazo, no es otro que el de su enorme tamaño, que supera con creces, en mi opinión, el metro de altura y supone ya de por sí, una auténtica obra de Arte ya que, no lo olvidemos, está tallada en piedra, en una sola pieza, aunque, por desgracia, apenas conserva rastro del esplendor de su policromía original.
Situada poco menos que en la intersección de las galerías oeste y norte, parece custodiar, con su mirada, hierática e infinita, el espléndido cenotafio del abad milagroso de Silos, que se encuentra situado, aproximadamente, hacia la mitad de la mencionada galería norte. Galería en la que, circunstancialmente, se encuentra la única columna triple -la tercera cruzada sobre las otras dos- de todo el claustro bajo.
Luce los atributos de una auténtica reina; es decir, se encuentra entronizada y también coronada. Un pequeño cartel, situado en el basamento de piedra sobre el que se asienta la imagen, nos advierte, aparte del nombre o advocación, de la fecha aproximada en que se la data: siglos XIII-XIV. No obstante -y esto puede ser un claro ejemplo de la dificultad que conlleva, en numerosas ocasiones, situar correctamente este tipo de imágenes, que oscilan, generalmente, entre el románico y el gótico- dentro de alguna de las guías que se venden en la propia tienda de la abadía (1) figura, parece que con meridiana certeza, pues no ofrecen otra opción, el siglo XIII. Irrelevante o no, lo cierto es que parece demasiado grande, en mi opinión -el patrón común, más o menos aceptado para la gran mayoría de imágenes marianas de estos periodos, oscilaría entre los 30 y los 40 centímetros de altura- para pertenecer a este siglo, encuadrándose mejor dentro de un románico tardío o en un periodo de transición al gótico, cuando ya también comenzaban a ser representadas de pie, afianzándose más en el papel de Madre de Dios -como la conocemos actualmente- y menos en el de Diosa Madre o Magna Mater con el que también se la identificaba -aunando conceptos de la Antigua y la Nueva Religión- en los periodos a que estamos haciendo referencia.
En el borde del basamento sobre el que ya he mencionado que se asienta, se localiza, así mismo, una inscripción latina, que todavía puede leerse perfectamente:
+ INMACULATA : DEI : GENITRIX : NOS: RESPICE : CLEMENS : PROSEOVIMUR : CULTU: OUM : TUA : MAGNA : PIO +
Porta un lirio en su mano derecha, señal inequívoca de iniciación y sabiduría, utilizado también por algunas hermandades compañeriles pues, de una manera encubierta, representa esa runa de la Vida, más comúnmente conocida como pata de oca. Forma utilizada, a la vez, como cruz y elemento de martirio, como demuestra, entre otros, el famoso Cristo renano de la iglesia del Crucifijo, en Puente la Reina, Navarra. Sujeta al Niño entre su brazo y su pierna izquierdos. Éste, por su parte, y a diferencia de ese otro grial -en su sentido documental- que sujetan firmemente sobre su pecho las manos de Santo Domingo en su cenotafio, muestra en su mano izquierda un libro abierto y a la vista de todos. Los dedos de la derecha adoptan, bien la señal de bendición, bien indicación hacia lo alto. Otra de las peculiaridades del Niño, la encontramos en su nuca, que semeja tener, de una forma hábilmente esculpida, la tonsura de los monjes.
Aún hay más detalles peculiares, a mi entender, que se pueden visualizar a simple vista en ésta impresionante imagen; se encuentran en el trono, donde dos monstruos, detalle significativo, hacen las veces de peana. Y recalco lo de significativo, porque estos monstruos -a los que, por cierto, uno de los impulsores de la figura de la Virgen, San Bernardo de Claraval, consideraba como ridículos- se localizan, en forma de canecillos, también, en numerosos templos románicos. Y si, generalmente, tales representaciones, son una alusión a los vicios y los pecados, ¿hemos de suponer, entonces, que en éste caso hace referencia a esa parte de la inscripción que la define como INMACULATA DEI GENITRIX?. ¿Estaríamos, pues, ante un antecedente de la Inmaculada Concepción, que con posterioridad se representaría con una media luna y una serpiente o un dragón -incluso a veces con el propio Diablo- a sus pies?.
Sea como sea, de lo que no cabe duda, es de que tales representaciones en vírgenes sedentes, no suelen ser muy comunes, en mi opinión; detalle que, por otra parte, amplía el simbolismo añadido ya de por sí a estas imágenes, dejando siempre las puertas abiertas al mundo de la especulación. Todo sea dicho, de paso, con todo el respeto y sin ánimo alguno de ofender.
Santo Domingo de Silos, 19 de Febrero de 2011
(1) Mariano Palacios González: El monasterio de Silos, SIAL Ediciones, S.L., 2010

4 comentarios:

  1. Lamento contrariarte, que se me figura que estoy abonado a ello, pero la Virgen parece ser del XIII y plenamente gótica.
    Todos sus rasgos, estilísticos, así lo apuntan, desde los vestidos al rostro. Aunque no vas descaminado del todo, porque conserva cierto "arcaismo", como es la postura hierática de ambos personajes, y la ausencia de relación afectiva entre ellos.
    Lo del tamaño, se explicaría porque la imagen se realizaría para ser colocada en algún tímpano, u otro lugar elevado. Desde que el templo se consagró, el 1088, hubo diversas reformas y añadidos, antes de que Pedro Machuca lo sustituyese en 1751 por el frío edificio neoclásico actual.
    En cuanto a los lenoes, del trono o "sede", no tienen por que poseer un carácter negativo, al contrario. Bien pueden referirse al "León de Judá", Jesús, como descendiente de David, pues un león era la divisa de tal tribu. Sin excluir otro simbolismo, más complejo.
    En cualquier caso, lo de menos es el estilo artístico, o la fecha, de la imagen. Porque esa "Virgen de Marzo" es uno de los muchos enigmas que guarda Silos.

    Salud y fraternidad.

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  2. No me contrarías; muy al contrario, agradezco siempre tu sinceridad y valoro mucho tus amplios conocimientos.Se me hace difícil representarme tan mastodóntica imagen en lo más alto de un edificio de la época en que se construyó la abadía, o incluso después, en el siglo XIII. Pero pudiera ser. Como dices, y en eso desde luego sí que coincidimos, es que esta Virgen de Marzo representa un auténtico enigma. Un abrazo

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  3. Hola, holita

    Pues yo creo que virgenes sentadas entre dos leones las hay a patadas, y romànicas por descontado. Yo he pintado algunas y su asociación siempre es positiva.

    Y en cuanto al lirio significante de la pata de oca... eso me lo has de contar cuando nos veamos. Para mi simbolizaba más bien la fuerza activa que se genera en el receptáculo de la forma.

    Lo que me ha dejado pasmada es lo gigantsco de la imagen, parece una reina gigante de las fiestas populares.

    Un saludo

    **

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  4. Hola, Barukina. No discuto que pueda haberlas a patadas con el trono 'leonado', ahora bien, tengo una buena colección de vírgenes sedentes y si mal no recuerdo, con este tipo de trono es la primera que me encuentro. Simbólicamente hablando, el león es una figura ambivalente, que a veces se asocia con Cristo y otras con el Diablo. Bajo ésta última asociación, por ejemplo, hay autores que sostienen que se basaba la regla templaria que les prohibía cazar, excepto a éste animal. Las formas y las comparaciones, no tienen por qué reñir con el concepto. 'Fuerza activa que regenera el habitáculo de la forma'... = ¿runa de la Vida?.
    Un abrazo

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